¿Qué es el AMOR? Verdades y patrañas

¿Qué es para ti el amor? Ya hace tiempo que quería escribir sobre esta fuerza que mueve el mundo. Pero antes, quiero contarte lo que considero que no es AMOR.

Cuando aún tenemos asuntos pendientes de resolver con nuestras etapas infantiles, fácilmente podemos caer en tres sucedáneos que se suelen confundir con el verdadero amor:

  1. Para un bebé la dependencia es AMOR. Queda muy bien reflejada en afirmaciones del tipo “Mi vida sin ti no tiene sentido” o “Sin ti no soy nada”. En estas relaciones, cuando uno de los componentes se expande, el otro entra en pánico. Las parejas basadas en un sentimiento de dependencia terminan por asfixiarse. Este patrón también se puede observar en la relación paterno-filial: hay padres que impiden que sus hijos experimenten y maduren, hijos que quedan al servicio de sus padres o padres que viven su vida a través de sus hijos.
  2. Un bebé-niño actúa para conseguir la aprobación de sus cuidadores. Es importante recordar que la aprobación es exigencia. En este tipo de relaciones, los adultos permanecen preocupados por las necesidades de su pareja, llegando a obviar las propias. Este amor condicional genera alerta y miedo en quien lo siente.
  3. El enamoramiento se puede definir como un estado de enajenación mental transitoria. En los niños se despierta la líbido con el exterior a partir de los tres años, cuando empiezan a experimentar la sensualidad hacia sus padres. En los adultos, este momento de idealización o plenitud llega a su fin cuando las endorfinas bajan (a los 18 meses aproximadamente). Una vez agotada esa etapa de exaltación maníaca de las cualidades del otro, es frecuente escuchar frases como “Ya no eres el mismo”. Y que nadie me malinterprete por favor, me parecen fantásticas todas esas sensaciones que se experimentan durante el flechazo. Tan solo pienso que el verdadero amor es lo que queda justo después de las maripositas del estómago.

La excelente noticia es que estos tres patrones son un problema con solución. La herramienta clave es el autoconocimiento. Solo así dejarás de reprocharle a tu pareja que no te hace feliz.

Entonces ¿Qué es el amor?

Para mí es el acto de dar y recibir afecto, cariño, comprensión, atención, reconocimiento, aceptación, protección, aprecio, apego, amistad, ánimo, admiración y respeto. Considero que ese es el amor en términos generales.

El amor de pareja es poder exponer la propia realidad total, mostrándole al otro tu parte divina y también la humana. Una relación donde exista una verdadera comunicación, en la que ambas personas puedan contar su historia, confesar de dónde vienen y sanar sus heridas del alma.

Deepak Chopra dice que “El amor no es sólo un sentimiento, sino un comportamiento”. Amar es desear y favorecer el propio desarrollo y el del otro. Se trata de contribuir a que el otro crezca, se desarrolle y cumpla su misión de vida. Plantéate si lo que echas en falta en tu relación, es precisamente lo que no estás poniendo. Te animo a amar y ser amado.

Si después de lo que te he contado crees que aún no sabrías reconocer si vives una relación de amor verdadero, reflexiona: El resultado del amor debe ser el bienestar.

 

¿Cómo superar el rechazo?

imagen rechazo palabra NO

Empecemos por asumir que todas las personas experimentamos el rechazo en nuestra vida. Quédate a conocer por qué ocurre y descubre cómo puedes superarlo.

¿Qué es el rechazo?

En algunos momentos de nuestra vida los seres humanos nos sentimos excluidos de la relaciones sociales. Podemos experimentar el rechazo de manera activa: cuando tus compañeros de trabajo te acosan o los miembros de tu familia te ridiculizan. Y de forma pasiva: cuando tus amigos no cuentan contigo o te ignoran en una fiesta.

Lo que no es rechazo

Nuestro cerebro tiende a sobreprotegernos y, en su perfecta función, a veces nos hace imaginar situaciones de rechazo que no son reales. Para entenderlo, simplemente observa cómo te sientes cuando tu chiste no resulta gracioso en una reunión o cuando no te sacan a bailar en una discoteca.

Puede que también te hayas sentido rechazado cuando alguien expone una opinión opuesta a la tuya. En esa situación debes tener en cuenta que la intención de tu interlocutor es meramente informativa, no te está despreciando a ti, simplemente no comparte tu opinión. Mejor interpretarlo del modo adecuado. El encuentro en una discusión saludable se haya cuando dos personas reconocen estar “de acuerdo en su desacuerdo”. Te recomiendo prestar especial atención a estos casos a fin de evitar sufrimiento innecesario.

¿Cuándo sentimos el rechazo?

Sentimos el rechazo en nuestras relaciones interpersonales. Quizás, en algún momento de tu infancia sufriste la frustración de no haber sido elegido por tus compañeros para jugar con ellos en el mismo equipo. Puede que, ya de adulto, hayas experimentado con resignación un despido laboral o te hayan roto el corazón.

El más común y aceptado de los rechazos es el romántico, ese profundo desánimo que vives después de un desengaño amoroso. Las personas que aún se encuentran en el proceso de superación de una ruptura de pareja, suelen describirla como una sensación de vacío. Tanto es así que, el dolor por desamor sigue inspirando grandes obras literarias, artísticas y cinematográficas.

¿Cómo nos afecta el rechazo? 

El rechazo nos causa dolor, y en nuestra mente se asocia a un castigo. Esta emoción negativa afecta a nuestra autoestima y nos deprime. En ocasiones esta crisis personal puede desembocar en una situación de aislamiento social.

Un estudio de Ethan Kross afirma que el rechazo activa ciertas áreas del cerebro, que son las mismas que se activan cuando experimentamos dolor físico. Es decir, el cerebro no distingue entre el dolor por carencia psicológica de la física.

El rechazo genera un sentimiento de culpabilidad. Nuestra mente tiende a exagerar la situación, desencadenando un torrente de pensamientos negativos, ideas como: nunca soy el elegido, no me quieren, no me respetan, merezco estar solo, todo lo hago mal, estoy equivocado, etc.

¿Por qué nos afecta el rechazo?

Los humanos somos seres sociales por naturaleza, y el sentimiento de pertenencia al grupo es una cuestión de supervivencia para el cerebro. El inconsciente colectivo recuerda y reconoce el peligro que supone ser expulsado de la Comunidad. De ahí que el miedo al rechazo se convierta en una cuestión vital, ser excuido del grupo o de la manada podría suponer la muerte para el individuo.

Desde nuestro nacimiento somo seres totalmente dependientes, un recién nacido no es capaz de sobrevivir sin las atenciones de sus cuidadores. De hecho, la intensidad del daño que sentimos al ser rechazados en nuestra edad adulta, tiene su base en el recuerdo de las emociones dolorosas aprendidas en la infancia.

Presión de los pares 

Interiorizar el fracaso puede resultar destructivo para el ser humano, para evitarlo nuestro cerebro pone en funcionamiento ese miedo al rechazo. En nuestra evolución desarrollamos una conciencia de identidad social que, mal gestionada, puede resultar un lastre para el propio crecimiento personal.

A lo largo de nuestra vida, los seres humanos nos identificamos con distintos grupos que irán cubriendo nuestras necesidades de aceptación social y relacional. No obstante, el miedo al rechazo puede arrastrarnos al conformismo.

Es muy común encontrar niños o adultos que evitan destacar para que los miembros del clan no se sientan amenazados por su triunfo, o personas que intentan ocultar que son diferentes para que aquellos que creen iguales les acepten. Si sientes que tu grupo no te permite crecer hacia donde quieres ir, es momento de darle las gracias y abandonarlo. Concédete la oportunidad de encontrar un grupo que permita tu expansión a todos los niveles.

¿Cómo superar el rechazo? 

Para sobreponerte sigue estas pautas:

  1. Asume que necesitas atravesar un duelo para sanar esta herida emocional.
  2. Sé sincero contigo mismo. Reconoce los sentimientos que te invaden y acéptalos.
  3. Cuenta lo ocurrido a un amigo comprensivo, alguien de tu confianza. Si temes ser juzgado por otras personas, puedes escribir lo que te ha ocurrido y cómo sientes.
  4. Pon conciencia plena en la emoción que sientes para reducir su intensidad. Descríbela: ¿Dónde la sientes? ¿Qué forma tiene? ¿Tiene temperatura? ¿De qué color es? ¿Qué tamaño tiene? ¿Tiene textura? ¿Se mueve?
  5. Evita meter el dedo en la llaga: no releas mensajes, no revises conversaciones ni repases lo ocurrido de forma obsesiva.
  6. Recupera la perspectiva, no dramatices y, sobre todo, no confundas las opiniones de otros con la realidad.
  7. Recuerda que la única forma de aprender es a través del error.
  8. Reconoce tus virtudes y tus logros. Ten a mano una lista con tus cualidades y méritos, enumera todo aquello de lo que te has sentido orgulloso.
  9. Reconduce los pensamientos negativos. Lo conseguirás si te enfocas en tu verdadera esencia. Piensa que no solo eres lo que haces.
  10. Distráete y diviértete. Dedícate a hacer cosas que te alegren el alma.
  11. Entiende que esta situación de rechazo te ha sacado de tu zona de confort para que emprendas algo nuevo. Así que, aprovecha para descubrir qué es lo que verdaderamente deseas mejorar en tu vida.
  12. Anota las conclusiones positivas, por ejemplo: me conviene un tipo de pareja diferente, o merezco un puesto de trabajo donde me valoren.
  13. Haz planes a largo plazo y descubrirás que con el paso de los años nada tiene tanta importancia como creías.

Aprende a rechazar 

Aprende a decir no a aquellas cosas que no contribuyen a tu bienestar. De hecho, te animo a rechazar todo aquello que entra en conflicto con tus principios o tu misión de vida. Hazlo cuanto antes: rechaza un empleo en una empresa cuyos valores no compartes, rechaza una relación de pareja que no te aporta lo que verdaderamente deseas, rechaza un estilo de vida que merma tu salud, rechaza personas tóxicas, etc.

Para aprender a rechazar asertivamente, necesitarás entrenarte en la empatía y el respeto.

Ten en cuenta que vas a rechazar y ser rechazado ¡Y no pasa nada!

Magallares Sanjuan A. Exclusión social, rechazo y ostracismo: principales efectos. Psicologia.com [Internet]. 2011 [citado 29 Ago 2011];15:25. Disponible en: http://hdl.handle.net/10401/4321

Los 10 mandamientos de los Padres Sanos

¿Qué harías si te cruzaras con una persona tóxica? A esta pregunta la mayoría contestamos desde la sensatez: huir. Pero ¿Qué puedes hacer cuando las personas tóxicas son tus padres o educadores? Cuando las mismas personas que te cuidan son las que te dañan ¿Qué puedes hacer durante la etapa infantil si eres un ser dependiente e indefenso?

Obviamente,  la huida no es una opción. Por tanto, cada niño desarrolla su propio antídoto (personalidad o comportamiento) para contrarrestar esa toxicidad y poder sobrevivir en el entorno que “le ha tocado”. Una familia disfuncional y la consecuente inestabilidad emocional pueden dejar graves huellas hasta la adultez. Esos daños te acompañarán durante toda tu vida si no lo remedias.

Por lo general, los padres tóxicos son descendientes de otros cuidadores tóxicos -tus abuelos-. Seguramente podrías descubrir toda una saga de hijos heridos en tu propia familia. Pero esa herencia tóxica no justifica la falta de toma de conciencia. Cuando comprendes que eres heredero del insano legado, es momento de aceptarlo y tomar las medidas necesarias para cortar con ese comportamiento de una vez por todas.

Que tus padres sean tóxicos y que estés leyendo este artículo son señales inequívocas de que tú eres la persona elegida. Te animo a sanar tu infancia para liberarte de la pesada carga que esas experiencias dolorosas te dejaron.

Si ejerces el maternaje hay ciertos comportamientos que debes evitar a toda costa. Toma nota de estos 10 mandamientos para Padres Sanos:

  1. Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas. Solo así tendrás la capacidad de amar a tu hijo.
  2. Pondrás límites a tu hijo con sumo respeto.
  3. Santificarás las emociones de tu hijo y le permitirás expresarlas libremente.
  4. Honrarás las decisiones de tu hijo y considerarás su opinión.
  5. No insultarás, humillarás ni pegarás a tu hijo en ninguna circunstancia.
  6. No obligarás a tu hijo a dar muestras de cariño (falso) si no lo desea.
  7. No robarás la ilusión de tu hijo y alentarás sus sueños.
  8. No corromperás a tu hijo obligándole a mentir o a guardar secretos.
  9. No chantajearás emocionalmente a tu hijo para manipularle a tu antojo.
  10. No culparás a tu hijo de tus propios problemas o frustraciones.

Afortunadamente ni papá ni mamá tienen ya la sartén por el mango. Eres una persona adulta capaz de limpiar cualquier resto de toxicidad que hubiese quedado en ti. No dudes en ponerte manos a la obra, y recuerda que el mundo cambia cuando tú cambias.

Para dejar de sufrir tu infancia te recomiendo que te hagas con el estupendo libro de Victoria Cadarso “Abraza a tu niño interior”.

Gracias por quedarte conmigo y compartir.