Meditar ¡Y nada más!

La siesta es una costumbre romana acertadamente respetuosa con la cronobiología humana. Yo soy una gran fan de “la de 25 minutos” por sus numerosas virtudes: previene el agotamiento físico y mental, reduce el estrés, favorece todos los procesos mentales, mejora la circulación sanguínea…

En contadas ocasiones pude darle la prioridad deseada, así que finalmente opté por sustituir la siesta de las 16:00 h por 10 ó 20 minutos de meditación.

He de reconocer que disfruto de las cosas sencillas y que prefiero simplificar las que me parecen complejas. Frecuentemente asociamos la meditación a complicadas técnicas orientales de posturas imposibles, ambientadas con inciensos y velas, acompañadas de música trascendental, en un ambiente monacal y rodeadas de cierto misticismo.

Esa forma de hacerlo me parece ideal, pero difícilmente encajaría en mi estilo de vida. Hace cinco años encontré una alternativa, me resultaba tan fácil que no dudé en practicarla a diario. Si tú tampoco quieres renunciar a los beneficios de la meditación, toma nota:

  1. Pídele a tu familia o compañeros de trabajo que no te interrumpan;
  2. Si crees que lo vas a necesitar, coloca una alarma para saber cuándo debes terminar, o pídele a otra persona que te avise suavemente;
  3. Siéntante de forma cómoda, con la espalda y el cuello erguidos (no rígidos);
  4. Asegúrate de tener la planta de los pies totalmente apoyados en el suelo y la espalda descansando en el respaldo de la silla;
  5. Une tus dedos pulgar e índice -como si dibujases un OK-;
  6. Coloca las manos sobre tus piernas con las palmas hacia abajo;IMG_4894
  7. Respira profundamente -inhala, mantén la respiración unos segundos y exhala-, repite al menos tres veces;
  8. Cierra los ojos;
  9. Relájate y no pienses en nada;
  10. Es posible que lleguen a tu mente pensamientos diversos, déjalos pasar, no los juzgues ni luches contra ellos. Si te distraes, no te preocupes y vuelve a tu meditación;
  11. Transcurrido el tiempo que hayas establecido, respira profundamente (repite como mínimo tres veces);
  12. Abre los ojos lentamente y empieza a moverte para “despertar” tu cuerpo poco a poco.

Esta sencilla forma de meditar únicamente requiere una silla y 10 minutitos de tu tiempo. Además, también podrás meditar cuando tu vecino esté reformando su casa, incluso puedes hacerlo en el coche.  Aún a riesgo de aclarar algo obvio, prefiero apuntarlo: si meditas en el coche, asegúrate de que esté bien aparcado 😉

En poco tiempo, con la práctica diaria, notarás que cada vez son menos los pensamientos que te “enredan” ¡Medita! Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

Y mis agradecimientos son hoy para ti por haber leído esta entrada y también para una maestra de profesión, Nicol “La Viajera”, por descubrirme esta sencilla y efectiva meditación.

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