Desaprender es una técnica

No me compraré una prenda de color caqui precisamente porque esta temporada es tendencia. Lo reconozco: me rechinan las cosas que están de moda, y asumirlo me propulsa a indagar sobre ellas.

En esta ocasión le ha tocado a la palabra desaprender que en su más pura definición significa “olvidar lo que se había aprendido”. Revisando diversas interpretaciones del término, he observado que la mayoría de sus autores coinciden en que el desaprendizaje es un acto voluntario.

Para comprender este concepto, te invito a reflexionar sobre el elefante encadenado de Jorge Bucay que necesitaba desaprender que estaba preso.

Desde que Sócrates cuestionó la certeza en su Sólo sé que no sé nada hasta nuestros días, los seres humanos hemos estado dudando sobre la solidez de nuestros criterios.

Todos podemos entender que nuestra capacidad de juzgar se ve continuamente intervenida por los propios filtros individuales. Nuestros aprendizajes conforman nuestras verdades duales, las cuales nos sitúan a favor o en contra de una idea, y nos llevan a aceptar o rechazar una situación.

La percepción juega un importante papel en nuestra calidad de vida, y cierto es que ver las cosas desde otro prisma nos puede liberar de muchas tensiones nocivas. El hecho de reinterpretar una situación que nos parece conflictiva, descargándola de toda su emoción, nos ahorrará estrés innecesario.

Para dejar de entender el mundo como algo hostil, necesitaremos entrenar concienzudamente nuestro “nuevo par de ojos”, o simplemente tomar conciencia de nuestro enfoque. Y a cada cual le recomiendo la técnica que considere más apropiada para conseguirlo, así sea de 365 capítulos, de 21 días, de 7 hábitos o de tan solo un instante.
Como mi gata cuando curiosa se asoma a una bolsa vacía, tropecé con información reveladora que afirma que el des-aprendizaje puede alterar la información genética ¡Lo que lees!

La epigenética es una ciencia relativamente nueva que estudia los factores no genéticos que intervienen en el desarrollo de los organismos, y concluye que una de las fuentes de mayor modificación es el factor ambiental.

De estas investigaciones se deduce que nuestras propias experiencias modifican nuestro material genético. En este punto descubrimos que no somos exclusivamente el resultado de nuestra herencia genética, sino que formamos parte activa de ella y que podemos establecer cambios en nuestros genes desde la percepción de nuestro entorno.

Ahora somos responsables de crear un ámbito óptimo que mantenga activados únicamente los genes beneficiosos para nuestro organismo y desactivados aquellos que nos enferman. Además, la responsabilidad va mucho más allá, estas modificaciones genéticas también se transmitirán a futuras generaciones.

Tanto aprendió aquel elefante que hoy sus crías nacen sin colmillos

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